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LOS VÁSTAGOS


 Los vampiros han sido temidos durante mucho tiempo como rapaces monstruos de la noche: terribles fromas negras que brotan de la oscuridad para robar niños de sus cunas y recrearse con la sangre de los inocentes. Son también criaturas de letal belleza, inmensa pasión y sensualidad depredadora.
 Cada vampiro es único y tiene fascinantes historias que contar, pero el rasgo más importante que comparten todos es su condenación. Más importante que cualquier linaje, clan, secta o causa es el hecho de que todos ellos son depredadores no-muertos. La lealtad y el deber quedan en segundo plano ante el ansia. Los vampiros son parásitos, sin excepción, malditos por el destino de tener que alimentarse de su especie originaria.
 En respuesta a este entorno los vampiros han evolucionado hasta desar-rollar una compleja sociedad que existe fuera del alcance de los mortales que les rodean. Edad, clan, secta, sire, poder, influencia y muchos otros aspectos de la no-vida hacen de los Vástagos lo que son. Parte del ser de cualquier vampiro es su pertenencia a diversas castas que adornan la sociedad vampírica. Al crear y seguir divisiones entre ellos, no importa lo artificiales que sean, los Vástagos intentan escapar de la bestia que se oculta en su interior. Los vampiros no se ocultan solo de los mortales, sino también de sí mismos, pretendiendo no ser los horrores en los que se han convertido.
 Una forma que tienen los Vástagos de distinguirse entre sí es mediante la combinación de edad y generación (una medida de lo alejados que están de su progenitor vampírico, Caín). Los jóvenes vampiros deben demostrar su valía ante sus mayores para conseguir una cierta posición, y la sociedad de la Estirpe suele ser tan estática y embrutecedora como los mismos Condenados. No obstante, hay un cierto grado de movilidad, pues los vampiros más viejos buscan siempre recursos y aliados contra sus rivales en la Yihad.
 La mayor posición es la que ostentan los Antediluvianos, vampiros de la Tercera Generación. Muchos vampiros creen que estos seres son legendarios: desde luego, ninguno ha sido visto de forma verificable en las noches modernas. El nivel más bajo es el de los neonatos y los Caitiff sin clan.
 

• Antediluvianos: Estos ancianos vampiros, si es que existen, son probablemente las criaturas más poderosas del mundo. Miembros de la Tercera Generación, los Antediluvianos sólo están a dos pasos del Primer Vampiro, Caín. Cuando deciden salir de su largo sueño afectan a todo el que entra en contacto con ellos; de acuerdo con las referencias de sus actos, tienen un poder casi divino. Según la leyenda había trece Antediluvianos, aunque se supone que algunos han sido destruidos. Su lucha eterna (la Yihad) afecta a todos los Vástagos, e innumerables capas de engaño y manipulación hacen sus planes casi imperceptibles.
 

• Matusalenes: Si los Antediluvianos son los dioses de los vampiros, los terribles Matusalenes son semidioses y avatares. En un punto entre los mil y dos mil años de edad, un profundo cambio tiene lugar en el Vástago. A veces se trata de una mutación física, pero otras es mental o emocional. Sea cual sea la naturaleza del cambio, el resultado final es que el vampiro pierde toda apariencia de humanidad. Habiéndose apartado de lo terrenal al reino de los sobrenatural, suelen retirarse al seno de la tierra, donde pueden aletargarse lejos de los sedientos colmillos de otros vampiros más jóvenes. No obstante, su poder es tan grande que pueden seguir dirigiendo mentalmente sus inescrutables planes, comunicándose de forma mágica o telepática (y casi siempre invisible) con sus servidores.
 Los Vástagos temen mucho a los Matusalenes, a los que atribuyen todo tipo de horribles características. Los rumores hablan de criaturas cuya piel se ha vuelto de piedra, de repulsivas deformidades o una belleza ultraterrena que no puede ser contemplada. Se cree que algunos sólo beben sangre de vampiro, mientras que otros controlan los destinos de naciones enteras desde sus frías tumbas.
 

• Antiguos: Los antiguos son vampiros que llevan siglos de existencia, y suelen estar entre la sexta y la octava generación. Con siglos de astucia acumulada y una terrible ansia de poder, son los más activos participantes en la Yihad: no sufren los prolongados letargos de los Matusalenes y Antediluvianos, pero tampoco son tan débiles o fáciles de manipular como los Vástagos más jóvenes. El término "antiguo" en el Nuevo Mundo sería un mero ancilla en Europa u otros viejos confines de la Tierra. Los antiguos tienen un férreo control sobre la estructura de poder de los Vástagos, impidiendo que los jóvenes vampiros alcancen las posiciones de influencia que ellos han mantenido durante décadas, si no siglos.
 

• Ancillae: Los ancillae son vampiros relativamente jóvenes (entre cien y doscientos años de no-vida) que han demostrado ser valiosos miembros de la sociedad vampírica. Son los lacayos de Vástagos más poderosos, y están destinados (si son astutos o afortunados) a convertirse en los líderes del mañana. Ocupan un puesto intermedio entre el neonato y el antiguo, considerándose que ya han echado los dientes (por así decirlo), pero que carecen todavía de la edad y experiencia para convertirse en verdaderos amos de la Yihad. Como la población mundial ha crecido tanto en los dos últimos siglos la gran mayoría de los vampiros son ancillae o neonatos.
 

• Neonatos: Los neonatos van desde novatos recién independizados a indolentes vampiros de un siglo o más. Marcados por el estigma de no haber sido todavía probados por los antiguos, los neonatos son vampiros inexpertos que algún día pueden llegar a algo... aunque lo más probable será que caigan como peones de los planes de otros no-muertos.
 

• Novatos: También conocidos como "chiquillos" (aunque todo vampiro menos Caín es chiquillo de otros), los novatos son vampiros recientemente creados, todavía bajo la tutela y protección de sus sires, o vampiros que los crearon. No se les considera del todo miembros de la sociedad vampírica, y suelen ser tratados de forma poco respetuosa o como si fuesen propiedad de su sire. Cuando el sire decide que el chiquillo está preparado, éste se convierte en un neonato, contando con la autorización del príncipe